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El daño que le hicieron a Mendoza y que aún no se llega a dimensionar

Cuando se frenó toda posibilidad de hacer minería, incluso poniendo trabas a la exploración, se dejó pasar el tren de la oportunidad. La autoridad política bloqueó una industria que podría sumar a la matriz productiva que hoy está agotada. El año, aún no se dimensiona.


Por Edu Gajardo

La prohibición para hacer minería y la falta de conocimiento sobre la actividad, llevan a que se generen extremos en cuanto a posiciones y expectativas. Eso, hace que se pierda el eje de lo que realmente significa el desarrollo de esta actividad industrial. Los antimineros trabajan una campaña del miedo que lleva a extremos ridículos que hablan casi del apocalipsis. Sin embargo, por otro lado también están los que no dimensionan de manera adecuada el impacto que puede tener la actividad y generan expectativas sobredimensionadas.


El Consejo Empresario Mendocino (CEM), en un informe sobre las exportaciones con origen en Mendoza durante los últimos 10 años, entregó un panorama negativo en la materia para la provincia y suma ese dato a otros que ya resultan complicados. Sin embargo, lo llamativo es que el informe en uno de sus párrafos apunta al desarrollo de la minería para potenciar las exportaciones y generar empleos.


Si bien, no están equivocados en cuanto al impacto que tiene la industria en exportaciones y empleo, pasan por alto un detalle que no es menor, los plazos. Ese dato es quizás el que mejor refleja como el tiempo perdido para desarrollar la minería (principalmente por las restricciones de la Ley 7.722) tiene un impacto negativo mucho mayor al que a priori se podría imaginar.


Para que se cumpliera el deseo del CEM, la historia tendría que haber sido distinta entre 2005 y 2007, es decir, desde que se fue a buscar inversores a Canadá y hasta que se aprobó la 7.722. Hoy, pensar en que se cumpla lo que sugiere la entidad empresaria, es muy complicado, principalmente por los tiempos que tiene la industria minera. Implican grandes inversiones y diversos procesos, significan un período importante de tiempo desde la exploración hasta que se inicia la explotación.


La única forma para que la minería tenga impacto en las exportaciones de Mendoza sería con un proyecto en etapa de factibilidad final y sin una ley que deje en manos de la política una decisión netamente técnica. Hoy, eso no existe, porque desde que se instaló la Ley 7.722 ni siquiera se permite explorar. Eso quiere decir que si mañana se cambiara la legislación y se permitiera avanzar con la actividad, recién se tendrían que empezar a explorar la mayoría de los yacimientos, iniciando así un período que puede tomar hasta una década, o más, hasta que esté todo alineado para iniciar una explotación.


El geólogo Carlos Monjo, en entrevista con Mendoza Minera, calculó que si las cosas hubieran sido distintas entre 2005 y 2007, hoy la provincia podría tener entre 3 y 4 proyectos en etapas avanzadas y alguno también en factibilidad final.


Como eso no sucedió, y tomando palabras del mismo Monjo, se perdió "el tren de la oportunidad". Retomarlo no será un proceso simple y tampoco rápido. Son 15 años sin ningún tipo de exploración que obligan a empezar de cero y que hicieron que otras provincias, tal como dice el informe del CEM, hayan seguido avanzando y Mendoza se haya estancado.


Hoy desde muchos sectores, tanto empresarios como políticos, miran a la minería como una opción, pero no miden, o no se dan cuenta, el daño que se le hizo a la provincia durante la gestión de Julio Cobos. En ese momento se cercenó la posibilidad de que la provincia tuviera otra industria en el espectro de su matriz productiva, una que hoy aparece como una de las más importantes para el cambio de la matriz energética y que podría aportar de manera importante para reducir la pobreza y entregar más empleo.


Tampoco podemos decir que la minería es la solución mágica para todos los problemas que tiene el espectro económico de Mendoza, porque sería generar un expectativa irreal. Sin embargo, sí se puede afirmar de manera categórica que entregaría un panorama distinto en conjunto con los otros sectores productivos.


Ya se ha repetido en reiteradas oportunidades, pero vale la pena repetirlo. La minería comienza a tener impacto desde que se inicia la exploración y todos los procesos de factibilidad, siendo -obviamente- la etapa de construcción del proyecto cuando más se siente en la economía de una provincia. Específicamente en exportaciones, el impacto se da en la etapa de producción.


Por eso, no es antojadizo, por ejemplo, que el Gobierno de San Juan le pida a los dueños de Josemaría que le pongan fecha al proceso de construcción del proyecto cuprífero y, especificamente, le pidan iniciar la construcción del camino que llevará a la mina. Esa sola obra significará una inyección de US$160 millones y ocupación de mano de obra.


Ese proyecto cuprífero, con una inversión cercana a los US$4.000 millones, sirve para englobar todo lo que estamos mencionando, ya que por sí solo, en su etapa productiva, se estima que exportará minerales por US$1.500 millones. Es decir, un sólo proyecto minero le permitirá a San Juan exportar más que toda la economía mendocina en conjunto.


Entonces, y volviendo al informe del CEM, lejos de mejorar, lo que parece que sucederá en el futuro es que Mendoza seguirá cayendo en su nivel de exportaciones. Además, mientras más tiempo se mantenga cercenada a la minería de la matriz productiva, más probable es que la provincia se vuelva a perder el "tren de la oportunidad", el cual se presenta además con el plus de la importancia de la lucha contra el cambio climático.


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