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Cobre San Romeleo: ingresó a la Legislatura el proyecto para producir insumos de fungicidas

Foto del escritor: Edu Gajardo
Edu Gajardo
hace 11 minutos
2 min de lectura

La iniciativa prevé reactivar una mina de pequeña escala en Malargüe para obtener óxido de cobre, materia prima para la elaboración de sulfato y oxicloruro de cobre utilizados por la agricultura y la vitivinicultura.

El Poder Ejecutivo envió a la Legislatura la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto Cobre San Romeleo, en Malargüe. La iniciativa ya completó la evaluación ambiental ante la Autoridad Ambiental Minera y ahora deberá ser ratificada por ambas cámaras para avanzar hacia su etapa de construcción y explotación.


El proyecto, propuesto por LABSA SA y operado por AREX Mining SA, está ubicado en el Puesto Aguas de Isaac, en la Quebrada de San Romeleo, distrito Río Barrancas, a unos 160 kilómetros al sur de la ciudad de Malargüe.


Se trata de una explotación de pequeña escala: contempla procesar 40 toneladas diarias de mineral, a partir de reservas estimadas en 257.000 toneladas con una ley media de 1,29% de cobre. El horizonte de producción previsto es de 20 años y la inversión para ponerlo en funcionamiento fue calculada en US$3 millones.


El objetivo es producir óxido de cobre, que luego será utilizado como materia prima para elaborar sulfato de cobre y oxicloruro de cobre, fungicidas empleados en la agricultura y habilitados también para cultivos orgánicos. El destino vincula al proyecto con la vitivinicultura y otras producciones regionales que utilizan estos insumos.


Una reactivación con planta propia


San Romeleo es una propiedad minera con antecedentes de explotación desde la década de 1960. El nuevo desarrollo prevé la rehabilitación de una cantera existente, accesos, campamento, talleres y una planta de beneficio.


La extracción será a cielo abierto, mediante bancos de entre dos y cuatro metros. El mineral será triturado y procesado por disolución amoniacal en un circuito cerrado. Según el informe ambiental, los gases generados durante el proceso -amoníaco, dióxido de carbono y vapor de agua- serán capturados, condensados y reutilizados para regenerar la solución lixiviante.


El producto final será óxido de cobre filtrado y envasado en tambores para su despacho. El informe indica que el proceso no generará efluentes líquidos industriales: el mineral agotado será dispuesto en un depósito impermeabilizado, con drenaje y contención de posibles lixiviados.


Agua, controles y cierre


La DIA establece obligaciones previas y controles durante las etapas de construcción, operación, cierre y post cierre. Antes de iniciar las actividades, la empresa deberá presentar una nueva línea de base ambiental, planes de monitoreo sobre agua, suelo, aire, flora y fauna, un plan de contingencias y una garantía para asegurar la recomposición de eventuales daños.


El uso de agua requerirá autorización del Departamento General de Irrigación. La documentación del proyecto señala que el abastecimiento provendría de una perforación existente dentro de la propiedad minera y que no hay cursos de agua superficiales permanentes en el área.


También deberán presentarse las ingenierías de las instalaciones, sistemas de impermeabilización, manejo de efluentes, transporte de fluidos y prevención de derrames. La empresa tendrá que mantener registros de consumo de agua y ejecutar monitoreos sobre aguas superficiales y subterráneas, aire, suelo, flora y fauna.


La DIA prevé además un proyecto de cierre técnico y ambiental, junto con un monitoreo post cierre por un mínimo de cinco años, plazo que podría extenderse según la evolución de las condiciones del sitio.

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