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Fin del gigante minero: fracasa la unión entre Rio Tinto y Glencore

  • Foto del escritor: Edu Gajardo
    Edu Gajardo
  • hace 4 minutos
  • 2 Min. de lectura

La falta de acuerdo sobre la estructura de poder y el reparto de sinergias terminó por sepultar la que iba a ser la mayor minera del mundo por capitalización.



La posibilidad de crear la mayor minera del mundo quedó definitivamente archivada. Rio Tinto confirmó este jueves que no avanzará con una oferta por Glencore, dando por terminadas unas conversaciones que se extendieron por cerca de 18 meses y que llegaron a valorar la operación en torno a los US$260.000 millones.


El desenlace pone fin a un proceso que había reavivado las expectativas de consolidación en la industria y que, de concretarse, habría permitido superar a BHP en capitalización bursátil. Pero las diferencias sobre el diseño de poder de la futura compañía terminaron por romper el diálogo.


Valor versus control


Según trascendió tras el anuncio, el quiebre respondió a una disputa estructural: Rio Tinto planteó un esquema en el que su actual equipo directivo conservaría el control operativo, una condición que el directorio de Glencore consideró inaceptable. La minera suiza sostuvo que esa arquitectura no reflejaba adecuadamente el peso de su plataforma comercial ni su cartera diversificada de activos, clave en un contexto donde el cobre y el níquel concentran el interés estratégico.


En un comunicado al regulador, Rio Tinto señaló que no podía respaldar un acuerdo que no asegurara el retorno esperado para sus accionistas. Glencore, por su parte, afirmó que los términos propuestos no repartían de manera equilibrada el potencial de sinergias que justificaba una integración de esta escala.


Reacción inmediata del mercado


La ruptura se trasladó de forma casi instantánea a las cotizaciones. En la tarde europea, Glencore encabezó las pérdidas con un retroceso superior al 8%, reflejando la salida de inversores que habían descontado un escenario de adquisición. Rio Tinto también cedió terreno, con una baja cercana al 2,5%, en un contexto de mayor escepticismo sobre su crecimiento inorgánico.


Más allá del golpe bursátil, el episodio deja una señal clara para el mercado: aun con balances robustos y presión por escalar tamaño, las megafusiones siguen enfrentando límites cuando chocan visiones de gobierno corporativo. Por ahora, la prometida superpotencia minera queda en pausa, y el sector vuelve a depender de proyectos orgánicos y alianzas más acotadas para sostener su próxima etapa de crecimiento.

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