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Mendoza entre el Pacífico y el Atlántico: qué cambia con el corredor que impulsa Estados Unidos

Foto del escritor: Edu Gajardo
Edu Gajardo
hace 10 minutos
4 min de lectura

El acuerdo suma respaldo político y herramientas de financiamiento a una alternativa logística que las mineras ya evalúan por la confiabilidad de la salida.



Argentina y Estados Unidos lanzaron en Nueva York el Corredor Andes-Atlántico, una iniciativa para atraer inversiones y desarrollar la infraestructura que conecta las zonas productivas del país con los puertos del Atlántico. Lo presentaron el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado Christopher Landau durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas. El plan tiene cuatro ejes (transporte, Vaca Muerta, minerales críticos e infraestructura digital) y pasa a integrar la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global.


El corredor no es una obra puntual. Es un conjunto de proyectos de ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos, generación y transmisión eléctrica. El embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, lo definió como la iniciativa que "conectará la matriz productiva argentina con los mercados de Occidente". La frase ordena la lectura del acuerdo y, en el caso de Mendoza, reabre un análisis que la provincia venía teniendo sobre la salida de su futura producción minera.


Un acuerdo que nombra el punto de llegada


El esquema funciona como un marco. Estados Unidos podrá aportar préstamos directos, garantías y seguros a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), el Banco de Exportación e Importación (EXIM) y la Agencia de Comercio y Desarrollo (USTDA), y cada proyecto deberá avanzar por su propio carril. En paralelo, el EXIM prevé habilitar hasta US$7.000 millones durante los próximos dos años para proyectos de minerales críticos y energía en Argentina. Son préstamos destinados a comprar equipamiento fabricado en Estados Unidos. Las empresas estadounidenses también podrán competir en las licitaciones de obras de transporte o participar como subcontratistas. Argentina, por su parte, se compromete a fortalecer sus marcos legales y las protecciones a la inversión.


Leídas en conjunto, las piezas muestran un mismo movimiento: Estados Unidos financia, orienta la salida de la producción y abre mercado para sus proveedores. El lenguaje del acuerdo, con sus "cadenas de suministro" de minerales críticos y sus "mercados de Occidente", es el de la competencia con China por el cobre y el litio del hemisferio. Esa definición llega a una provincia que ya venía discutiendo por dónde sacar su futura producción.


El Atlántico deja de ser un plan B


En Mendoza, la discusión sobre la salida minera se midió hasta ahora en kilómetros y días de cierre. Desde la zona cordillerana hay unos 350 kilómetros hasta el Pacífico, contra 850 kilómetros de llano hasta Rosario. Pero Cristo Redentor estuvo cerrado 34 días seguidos este invierno y acumuló más de 60 días sin operar en 2023. Para una mina, un paso cerrado significa concentrado acumulado, capital inmovilizado y mayor inversión inicial.


El corredor cambia los términos de esa comparación. Hasta ahora, la alternativa atlántica era una opción logística que las compañías evaluaban por confiabilidad frente a la distancia. Con el acuerdo pasa a tener respaldo político, herramientas de financiamiento y un mercado de destino explícito. Esa nueva capa cae de manera distinta sobre las dos zonas con horizonte minero de la provincia.


El puerto orienta, el comprador decide


La ruta de salida marca una dirección, pero no define por sí sola el destino final del mineral. Chile produce cerca del 23% del concentrado de cobre del mundo, y casi dos de cada tres toneladas que exporta terminan en China. El destino lo fijan los contratos de compra y la capacidad de fundición y refinado, hoy concentrada en el país asiático. Por eso el acuerdo incluye el procesamiento de minerales críticos y el fortalecimiento de las cadenas de suministro, además de puertos y vías férreas. Sin capacidad de procesamiento en Occidente, el corredor puede cambiar la ruta del concentrado sin cambiar su comprador.


A eso se suman los tiempos. Ferrocarriles, puertos y líneas de transmisión demandan años de obra, y la minería argentina ya convive con capitales de distintos orígenes. El corredor se suma a ese escenario como una vía de desarrollo con socios occidentales, y su peso real dependerá de cuántos proyectos concretos logre financiar.


Una provincia entre dos océanos


Con la frase de Lamelas, Estados Unidos dejó claro hacia dónde quiere que vaya la producción argentina: a los mercados de Occidente. Mendoza tiene una ubicación que pocas provincias comparten para entrar en ese esquema. Tiene salida al Pacífico por el paso internacional más transitado del país. Tiene en el sur los dos ejes que el acuerdo pone en primer plano, hidrocarburos y minerales críticos. Y tiene la posibilidad de conectarse con una red hacia los puertos del Atlántico. Esa posición le permite a la provincia proponer sus propias obras dentro del corredor: transmisión eléctrica en el sur, conexión ferroviaria y un cruce cordillerano más confiable. Si no lo hace, corre el riesgo de quedar solo como territorio de paso en un mapa diseñado en otro lado. El acuerdo ya fijó el destino. La ruta por la que saldrá la producción mendocina todavía depende de las obras que la provincia logre poner en esa agenda.

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